RECORDANDO A LOS MARTIRES DE LA PAZ Y LA NO VIOLENCIA.
JOSE H. BOLAÑOS MUÑOZ
Mientras los Gobernantes del MUNDO están jugando a hacer la guerra, olvidando las funciones que juraron como tales y desesperados por repetir el ejercicio del poder, irresponsablemente asumiendo posiciones irrazonadas, soberbias e incoherentes con la Democracia, generando miedo y terror en la población, hasta el punto de colapsar la convivencia fraterna, poniendo en riesgo al mundo a las puertas de una tercera guerra mundial, nosotros queremos recordar a los maestros de la Paz y la NOVIOLENCIA y en especial al DR. MARTIN LUTHER KING, asesinado UN 4 DE ABRIL DE 1968, para que siguiendo sus enseñanzas, juntos construyamos caminos de paz y convivencia fraterna.
Hay mucha violencia en el mundo, que se hace de diversas formas. Unos hacen violencia laboral cuando no dan trabajo o cierran las puertas del mismo o cuando persiguen al trabajador sin sentido ni razón, por no ser de tu misma nación, religión o raza. Hay otras formas de violencia que son las impuestas por la política, cuando encierras a tu enemigo político para que no te gane el poder y le impides al pueblo que escoja uno diferente a ti, eterno gobernante. Eso es violencia política. A eso le puedes aumentar la violencia económica, la física, la psicológica,la intrafamiliar, etc.
Este mundo está por estallar y no hay forma de acabar con la violencia. ¡No busques falsas puertas!. No hay política ni políticos que puedan solucionar éste afán de violencia enloquecido. No hay partido ni movimiento en el planeta que pueda acabar con la violencia.
Vemos que la dirección que han tomado los acontecimientos no es la que sería de desear para los seres humanos. Mucha gente no ve el futuro claro, otros se sienten pesimistas, otros se enferman y muchos no saben qué rumbo tomar. De quien es la culpa?. Del mismo pueblo que vota ignorantemente, de los dirigentes políticos corruptos, de los partidos tradicionales que se envilecen con el poder corrupto y de la Justicia que se volviò ciega, sorda y muda.
La democracia debe ir de la mano de la noviolencia, decía Martin Luther King, se podría ver como un caso privilegiado de este tipo de tramas y enlaces diferentes de interpretación. Por su propia capacidad de transformación y mutación, tanto de forma estructural como de funcionamiento, por su capacidad de adaptarse a situaciones económico-sociales bastante diferentes. Desde el punto de vista anglosajón, la democracia no es una mera técnica de gobierno, una fórmula política constituida de instituciones y prácticas, que ha tenido una evolución y puede tener más evoluciones. Cierta cultura de izquierdas ha atribuido a la teoría democrática una concepción puramente técnico-procedimental con sus consiguientes reglas de juego; esta idea es el origen de la distinción entre democracia formal y sustancial, y de la prospectiva de construir una democracia más auténtica bajo cierto desprecio de las formas y las reglas.
Es, al contrario, esencial no separar los aspectos procedimentales de los sustantivos. No hay de una parte la formalidad y de otra la sustancialidad. De una, la parte formal, y de otra, los valores; porque los procedimientos democráticos son en sí mismos valores. Si no, ¿por qué aseguramos a los ciudadanos el ejercicio de un importante derecho, aquel que constituye la propia ciudadanía, como el de participar en las decisiones? Y, además, se debe subrayar que la elección y la producción social de reglas no es neutra (ausente de valores). Tales valores no deben ser entendidos como normas meta-históricas o meta-políticas, ni entonces como eternos, siempre iguales y siempre los mismos, pero sí como una orientación colectiva y de principios interiorizados por una cultura. Esto es importante si se tiene en cuenta que la composición de la democracia es el demos, es decir, el sujeto de la democracia. Tal composición puede ser más o menos inclusiva: la relación inclusión-exclusión es aquella de la diferencia entre democracia antigua y democracia moderna. La democracia ateniense excluía a una gran mayoría de la población.
La verdadera lucha del siglo XXI no es entre las civilizaciones, tampoco entre las religiones. Será entre la violencia y la no violencia. Será entre la barbarie y la civilización en el más verdadero sentido de la palabra.
Hace más de medio siglo, Gandhi buscó romper los ciclos de la violencia y las represalias. Lo que nos distingue de las bestias, dijo él, es nuestra continua lucha por el automejoramiento moral. La humanidad está en una encrucijada y debe elegir, afirmó él, entre la violencia (la ley de la selva) o la no violencia (la ley de la humanidad). Y todavìa seguimos en la misma o peor encrucijada.
El coraje siempre es requerido para transformar el mal en bien. Este es el momento para que cada uno extraiga ese coraje: el coraje de la no violencia, el coraje del diálogo, el coraje para escuchar lo que no quisiéramos escuchar, el coraje para contener el deseo de venganza y ser guiados por la razón.
La violencia nace de un espíritu herido: un espíritu consumido y cubierto por el fuego de la arrogancia; un espíritu astillado y desgastado por la frustración de la impotencia; un espíritu reseco por la insaciable sed de significado en la vida; un espíritu marchito y disminuido por sentimientos de inferioridad. La ira que resulta de un autorrespeto herido, de la humillación, estalla como violencia. Una cultura de violencia, que se deleita sometiendo a otros apabullándolos y golpeándolos, se propaga por toda la sociedad, a veces amplificada por los medios.
El líder de los derechos civiles americanos, doctor Martin Luther King, fue un estudiante de la filosofía de Gandhi. Él declaró que una persona cuyo espíritu está confundido no puede practicar verdaderamente la no violencia. Ha sido mi esperanza que la luz de la India -un país conocido en el Oriente desde tiempos antiguos como "la tierra de la luna"- ayude a propagar el espíritu de la paz, así como los frescos rayos de la luna brindan balsámico alivio del desesperante calor del día. De un corazón curado y pacífico, nace la humildad; de la humildad, nace la voluntad por escuchar a otros; de la voluntad de escuchar a otros, nace la comprensión mutua; y de la comprensión mutua, nacerá una sociedad pacífica, que es lo que necesitamos.
Que los sacrificios de su propia vida, de Martin Luther King y de Ghandi, sean semillas de paz y no de guerra y sus enseñanzas, caminos de amor y convivencia.
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