LA SALUD ES UN DERECHO FUNDAMENTAL HUMANITARIO
JOSE H. BOLAÑOS MUÑOZ
Mi gratitud eterna para MÉDICOS INTENSIVISTAS, JEFES, ENFERMERAS, AUXILIARES, de la CLÍNICA PEDIÁTRICA DE COLSANITAS, de Bogotá, donde fui atendido por mis requerimientos de salud durante más de 13 días y siguen con hospital en casa, para recuperarla en definitiva, en un ejercicio de salud garantista y eficiente que colma todas las expectativas, con calidad profesional, consagración y humanidad excepcionales y una capacidad científica de la clínica envidiable , tanto tecnológicamente dispuesta con todos sus elementos como en su personal especializado que la hacen excepcional.
Sí, la Salud es un derecho fundamental, pero no solamente enmarcado en el texto Constitucional árido y frío. Debe ser un derecho fundamental con profundos derechos humanitarios y solidarios, que se ejecute más allá de la ley y el deber y que sea no solo receptivo sino compensatorio por parte del paciente en paciencia, compromiso y cumplimiento. Es de doble vía. Por una parte el Estado, su Administrador, a través de Directivos, Gerentes, Presidentes y demás estructuras Administrativas, por si y en asocio de Médicos, enfermeras y personal de auxiliares, deben ser eficientes, especializados y consagrados al servicio del paciente desde su primera cita que debe ser oportuna, sin dilaciones y de resultados eficientes y seguimiento eficaz hasta su sanación y control adecuado. Esto no se cumple, pues el 64% de pacientes sufren el síndrome de la cita medica imposible o dilatada con graves consecuencias.
A eso le sumamos, que lograda por suerte la cita, la atención hospitalaria, que es variable, dependiendo de la institución, pues en unas, se obtienen excelentes resultados y atención, como la indicada, en otras, deficientes, lamentablemente y en todas ellas, hace falta con creces el sentido humanitario en la prestación del servicio, pues tan solo opera la funcionalidad, olvidando el sacerdocio y la misión médica en su ejecución. Los organismos de control fiscal y médico, tienen la obligación de demostrar la diferencia, que no debería darse, pues se rompe con el justo equilibrio de la igualdad.
Por otra parte, el paciente, también tiene su plena participación. Le corresponde la disposición, entrega, voluntariedad, aceptación y cumplimiento de las instrucciones para el adecuado logro de los mejores resultados, sin ello no es posible obtener su
recuperación.
Colombia, sufre hoy una grave crisis en el direccionamiento de la salud, poniendo en riesgo, desde las propias esferas del Gobierno, el desarrollo de los principios fundamentales que orientan la prestación del servicio de salud. Pretender aplicar ensayos foráneos fracasados al país, que venía en límites superiores, es un vil atentado contra la vida misma. Desviar sus postulados de aplicación desconociendo los organismos avalados por la Organización Mundial de la Salud, so pretexto de su manejo político, es un atrevimiento irracional. Asumir el control y manejo de las prestadoras de salud, en forma arbitraria, ilegal e injusta, es llevar al fracaso la prestación del servicio de salud, poniendo en riesgo gravemente la vida de los Colombianos para justificar su intervención.
Se impone la revisión del sistema de salud, es cierto, pero dentro de los principios Constitucionales que nos rigen y de las normas superiores de orden internacional, que le dan estructura y protección, porque lo que los Colombianos necesitamos es un servicio de salud garantista, profundamente humanitario y de resultados oportunos, óptimos y eficaces, como el ejemplarizante de la CLÍNICA PEDIÁTRICA DE COLSANITAS, de Bogotá.
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