SI CONTROLAMOS LAS EMOCIONES PODEMOS SER FELICES..
JOSE H. BOLAÑOS MUÑOZ
En un mundo tan conflictivo como el actual, que se maneja por Gobiernos dictatoriales en unos países, en otros los dirigen desadaptados sociales, aprendiendo a ser socialistas, en fin, generadores de guerras, violencia y conflictos económicos por doquier, fácilmente inducen a la gente de bien al descontrol en el diario vivir que pueden generar comportamientos ajenos a su voluntad, por el miedo o terror que en ellos se infunde, enmarcados en esos principios destructores de la vida y de la sociedad.
Es más, lo estamos viendo en Colombia, con el incremento de los índices de enfermedades mentales no tratadas, por el desastre causado por estos gobernantes, en el manejo de la salud, incrementada en la vecina Venezuela, donde sobreviven a las malas, por la miseria y desolación que destilan sus dirigentes y por donde quiera que se mire la problemática, se observa el descontrol de las emociones, debido a la inestabilidad social, moral, política y económica de los Pueblos, que acrecientan por lo mismo las enfermedades, la miseria y la pobreza y por supuesto la violencia descontrolada, que provoca muerte y desolación.
Y eso que decimos que somos civilizados o en proceso de serlo, como terminología que corresponde a personas que viven en un entorno desarrollado educativamente, desde la formación de la célula familiar, así como en el ámbito social y profesional, que nos garantiza por igual, el respeto de las instituciones, su defensa y la garantía de la convivencia bajo principios de libertad, orden, justicia, igualdad y tolerancia, pero parece que ya no nos entendemos, que hablamos diferentes idiomas y que solamente el lenguaje del odio y la guerra es entendible. Es más, los organismos internacionales como la OEA y la ONU, entre otros, ya no cumplen un papel eficiente, y ni siquiera una efímera mediación pueden lograr, pues todos los conflictos internacionales crecen sin control y superan todos los tiempos, provocando mayores amenazas.
De allí que observamos con alarma, el incremento de la violencia, a todos los niveles, desde la puramente intrafamiliar, que ha provocado tantos feminicidios, como de la social o regional, que azota pueblos y ciudades, y por supuesto la amenazante tercera guerra mundial, que sigue en la mente y en la cabeza demencial de muchos líderes autocráticos.
Pero volvamos al propósito del tema, pues si queremos ser felices, debemos controlar nuestras debilitadas emociones, que frente a cualquier ofensa, provoca desconcierto y reacción. Fácilmente nos dejamos llevar de la ira, ésta ciega la mente y las reacciones humanas se descontrolan pudiendo causar graves consecuencias. Primero que todo entonces, apliquemos un acto mental inmediato de auto control y dominio, que nos permita ubicar el espacio y dimensionar las agresiones, para darles un espacio de silencio que nos garantice una respuesta adecuada, que no desboque nuestras pasiones y sentimientos y se vaya al extremo de la reacción causando consecuencias que pueden ser gravosas e irreparables. Es una reacción mental que mide espacio, tiempo e intensidad de la agresión y que será rápida pero profunda y serena para evitar el caos. Es más, en la gran mayoría de las veces, el silencio es la mejor respuesta y cumple todos los postulados, sobre todo en el campo de la relación intrafamiliar.
Trabajar la estabilidad emocional, como terapia, para su ejercicio en todos los espacios de nuestra actividad, familiar, laboral, social, se hace necesario. Ello implica el garantizar el equilibrio mental, social y profesional, que nos evite la depresión, arma mortal agresiva que no debemos permitir se anide en nuestras vidas, pues es más destructora que los comunistas.
Enfadarse menos, ser más tolerantes, trabajar en equipo desde el propio hogar, reír más, abrir espacios de recreación al aire libre y fresco, respirar libremente, hacer ejercicio diario, alimentarse sano, comer lo que no te haga daño, evitar medicamentos auto medicados, evitar el estrés y todo aquello que lo causa, ser disciplinado y puntual en tus compromisos, descansar, dormir 8 horas plácidamente.
Dialogar mucho, pero con serenidad, escuchando con atención y poniéndose en los zapatos del otro, para lograr su comprensión, evitando la discusión, aplazando los temas espinosos o dándoles otros espacios. Ser prudentes, no exponerse o como se dice coloquialmente no dar papaya, para evitar sorpresas dolorosas, sobre todo en ciudades o barrios reputados de peligrosos.
Y nunca olvidar a Dios, ponernos bajo su tutela y protección, porque Él todo lo puede, nosotros apenas lo intentamos. Pero lo importante es controlar nuestras emociones y ser felices. A Dios rogando… dice el dicho.
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