LA FELICIDAD ES EL FIN, INTENTEMOSLO…
JOSE H. BOLAÑOS MUÑOZ
Como van las cosas en nuestro
País, es difícil el planteamiento, pero debemos intentarlo para superar la
crisis política, económica y social que atravesamos, como consecuencia del
craso error de nuestros dirigentes políticos enmermelados hasta la nuca y de 11
millones de colombianos ignorantes y de otros tantos o tontos, a quienes les
ofrecen como mermelada, tomar tinto en Palacio, a cambio de que aprueben las
reformas que el Zar propone o incluso a los "CACAOS", huéspedes de Cartagena, que se dejan engañar con falsas promesas. Todos, "cacaos y uribistas" saldrán trasquilados y con el rabo entre las piernas.
Es que es un atrevimiento tratar
de ser felices, cuando observamos cómo todo un congreso arrodillado, se alista
para discutir y aprobar unas reformas absurdas a la salud, a las pensiones, al
trabajo y se pretende incrementar las tarifas del predial hasta el 300%, que
acaben de destruir la economía, que ya anda por los suelos. Cuando el jefe del
Gobierno amenaza a las Cortes de rebajarles el presupuesto, porque no aprueban
sus disposiciones violatorias de principios garantistas y constitucionales.
Cuando sus lacayos pretenden instaurar delitos contra la libertad de opinión,
porque se llama la atención sobre el desastre de la errada pretensión de paz
total con los delincuentes de todos los pelambres, que hacen y deshacen,
poniendo en peligro la estabilidad de las instituciones democráticas. En fin,
cuando vamos de picada hacia la miseria, el caos y la destrucción, que es lo
único que saben hacer los anacrónicos izquierdistas que nos Gobiernan.
Pero, reaccionemos, y busquemos
los caminos de la felicidad, que nos permitan una vida más amable, saludable, justa
y democrática y, garantista de nuestros derechos y libertades, como la mejor
herencia que les podemos dejar a nuestros hijos y nietos.
Recordando a Aristóteles, la felicidad es el fin que busca
todo ser humano, es decir, el bien es el mayor deseo que guía a
todas las acciones humanas.
En Ética a Nicómaco, el filósofo utiliza el término griego eudemonia (eu= bien, y daimon= espíritu) que puede
traducirse como “felicidad”, pero también se le atribuyen los significados de
prosperidad, riqueza, buena fortuna, vivir bien y florecer. Claro que estes
verbos rectores de Aristóteles, se diluyen en nuestra realidad.
Para alcanzar la verdadera
felicidad, Aristóteles, en su libro Ética
a Nicómaco, sostiene que “el
ser humano necesita basar su vida en acciones virtuosas, sustentadas en el
pensamiento, la justicia y la
razón”, esas virtudes que desconocen los comunistoides que nos rigen, que solo saben de miseria, odios y violencia.
Los
filósofos griegos se plantearon dos preguntas esenciales: qué es la felicidad y
qué hace felices a las personas. Sus respuestas dieron lugar
a tres posturas diferentes. Por una parte, se encontraban los filósofos como
Aristóteles, que afirmaban que ser feliz implicaba lograr la autorrealización y
alcanzar las metas que nos hemos propuesto, logrando un estado de plenitud y
armonía del alma. Esta corriente filosófica se conoció como eudemonismo.
Otro
grupo de filósofos afirmaba que la felicidad significaba valerse por sí mismos, ser
autosuficientes y no tener que depender de nadie. En este sentido, los
seguidores del cinismo, afirmaban que todos llevamos dentro los elementos
necesarios para ser felices y autónomos, pero para lograrlo necesitamos seguir
una vida sencilla y acorde a la naturaleza. Por su parte, los estoicos iban un
paso más allá y afirmaban que solo se puede alcanzar la verdadera felicidad
cuando se es ajeno a las comodidades materiales y se sigue una vida basada en
la razón, la virtud y la imperturbabilidad.
Por
último, la tercera
corriente de la filosofía griega que se dedicó a analizar la felicidad fue el
hedonismo. Para su máximo representante, Epicuro, la
felicidad significaba experimentar placer, tanto a nivel físico como
intelectual, huyendo del sufrimiento. No obstante, también indicaba que la
clave para ser feliz radicaba en evitar los excesos, porque estos terminan
provocando angustia. Epicuro apuntaba que se debe cultivar el espíritu sobre
los placeres de la carne y que es imprescindible hallar un punto medio.
Más
tarde, el
racionalismo le dio una vuelta de tuerca al concepto de felicidad al
comprenderla como la mera adaptación a la realidad. Spinoza,
por ejemplo, pensaba que para ser felices es necesario que nos despojemos de
las cadenas que implican las pasiones y que lleguemos a comprender el mundo que
nos rodea, solo así dejaremos de sentir miedo y odio. Los racionalistas
afirmaban que la clave radica en conocer la realidad, este conocimiento nos
permite aceptar los sucesos y, por ende, ser más felices.
A
mediados del siglo XIX surgió una corriente filosófica muy interesante denominada
“Nuevo Pensamiento” para la cual la felicidad era una actitud mental, una
decisión. Según estos filósofos, todos estamos buscando constantemente
un camino que nos permita ser más felices, pero la clave radica en aceptar
nuestra condición, nuestra historia de vida y nuestro pasado. Cuando tomamos
esa decisión conscientemente, nos acercamos a la felicidad. (POR REDACCIÓN NATIONAL GEOGRAPHIC).
En 2011,
y con solo 16 años, Zhang Xinyang estaba estudiando un doctorado en Matemáticas
Aplicadas en la Universidad de Beihang, en Beijing. Fue conocido por ser en su
momento “el estudiante universitario más joven de China”, a la que ingresó con
10 años, y también por convertirse en “el estudiante de posgrado más joven de
China”, con 13 años.
Un joven prodigio. Un genio. Con 28 ha dejado su trabajo de profesor, ha vuelto a vivir con sus padres -y esta vez no ha sido fruto de la precariedad laboral como ocurre con la renuncia silenciosa-, y ahora trabaja por cuenta propia, siguiendo las reglas del “tang ping”, que tiene mucho que ver con que este joven haya decidido dejarlo todo.
El “tang ping” nació con el objetivo de ser la filosofía de los jóvenes chinos que estaban hartos de la presión laboral y social. Era la respuesta de una generación cansada como lo fue la renuncia silenciosa o es ahora el ostracismo obligado.
Tal y como nos explican en Xataka, “el término hace referencia a la última tendencia filosófica de las nuevas generaciones chinas. Traducido de forma aproximada viene a significar "echarse en el suelo" y refleja la apatía y pasividad con la que muchos jóvenes afrontan las exigencias sociales a que sus padres y su país los han forzado. Surgió en las redes sociales chinas como lo dice la BBC y ante esa presión por ser siempre productivos en todo, apareció como por arte de magia otra elección: tumbarse y no hacer nada. Es similar en Colombia a los nadies o los ninis, que este gobierno patrocina y les paga el ostracismo obligado, la matricula si quieren estudiar, les paga para que dejen de vagar y todo a costa del bolsillo de los colombianos de bien.
Es difícil entones ser Felices,
pero podemos intentarlo, ejecutando los proyectos que nos abran esos caminos
hacia la felicidad, garantizando que elijamos buenos gobernantes, que escojamos
excelentes parlamentarios y consejeros y que seamos trabajadores y luchadores
infatigables y democráticos, haciendo una oposición fuerte y sin claudicaciones ni mermelada, contra toda opresión, vandalismo y corrupción,
negando de plano la tesis de la renuncia silenciosa o el ostracismo obligado de los chinos, a la que muchos, de los 11 millones de ignorantes,
se están acostumbrando.
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