COLOMBIA, PAIS DE CAFRES Y CORRUPCION.
JOSE H. BOLAÑOS MUÑOZ
“Este es un país de cafres”, dijo el liberal Darío Echandía Olaya hacia 1979 ante la fogata histórica de una Colombia demente y desenfrenada en no terminar nunca su carrera de violencia. Es decir, un país bárbaro, cruel, rústico, safio, tosco, primario, incivil. Años después Echandía se disculpó, no con los colombianos sino con los cafres, pues, dijo, “últimamente lo que me parece es que calumnié a los cafres”. (Carlos Fajardo Fajardo)
Y a tantos años de distancia, Colombia está peor, con las políticas de todos los delincuentes a la calle, que se predica desde las mismas tribunas del cambio histórico, anidados en el gobierno, en el congreso y en tantos tristes Pueblos de Colombia, gracias a dirigentes de los partidos tradicionales que equivocaron el rumbo de la dignidad patriótica y se sumaron al cambio para mal, por unas cuantas monedas, imitando al Judas Bíblico.
Y qué decir de los índices de corrupción, a todos los niveles de la administración pública, en más del 50% del presupuesto y más aún millonarias sumas en las campañas electorales, casi sin excepción, que se han vuelto un hervidero de dineros calientes purificados por los nobeles y los confesores de turno, de derecha a izquierda y todos se salvan porque no se dieron cuenta, ya que fue a sus anchas espaldas. Qué ironía.
Las
cifras de lideres sociales, excombatientes y Policías asesinados en Colombia en
el último año son escandalosas y descontroladas. Los índices de crecimiento
económico son tenebrosos y generan incertidumbre. La violación a los derechos
humanos se está incrementando y la población civil está a la deriva. Incluso, quien lo creyera, los conductores de vehículos y bicicletas se creen dueños de las vías y no respetan la prevalencia del PEATON, a pesar de las señales especificas pintadas en las calles que obligan ceder el paso y de las normas de tránsito que les imponen severas sanciones, pero son cafres de cuatro y dos ruedas, que les importa un pepino los ciudadanos peatonales.
Hoy vemos aterrados además, cómo los delincuentes de todas las pelambres, hacen su agosto, desafían los acuerdos, imponen sus condiciones, y siembran de violencia y caos a este pobre País, que ya había visto una luz de esperanza con la política de la seguridad democrática y recuperaba parcialmente la paz de sus ciudades, estabilizaba su economía y acrecentaba su desarrollo, para volver hoy tristemente a caer en las penumbras del caos y la violencia, auto dirigida en programas absurdos y letales, que condenarán al País al ostracismo y a la violencia desenfrenada y caótica de más cafres y corruptos, sumado a la crisis alimentaria y a la pérdida de su desarrollo y crecimiento económico, que le impedirá volver en mucho tiempo, por los cauces de la Paz sin impunidad y la Libertad con dignidad, pues las políticas y programas de esta izquierda maquiavélica que nos gobierna, son absurdas, equívocas y erradas.
Y lo peor del caso, es que los dirigentes se esconden y silencian; los ciudadanos de bien se resignan y los militares y policías se refugian en sus cuarteles, acatando humildemente y con temor, las directrices de su jefe supremo; los estudiantes no saben a quién echarle piedras; los sindicalistas se disocian; los Fecodes siguen en la misma ignorancia; los Periodistas ya no defienden el derecho a la libre expresión y están siendo opacados por los trinos presidenciales; los Presidentes de los Partidos tradicionales se enmudecieron; los dirigentes que podrían salvar al País, se fueron a trabajar al exterior en las multinacionales; La Justicia está más ciega y lenta que nunca, porque no tienen presupuesto y los comerciantes están abriendo sucursales en el exterior, para prevenir y cuidar de sus ingresos. Las Asociaciones de profesionales hacen mutis por el foro y Las Iglesias, ni predican ni practican.
Sálvese quien pueda se escucha gritar, porque los cafres y corruptos, se están apoderando de las carreteras, pueblos y ciudades, debidamente autorizados como gestores de Paz, imponiendo sus condiciones, según los autorizan las fuerzas milicianitas del caos y la incivilización y todos tan contentos, porque no tenemos quien nos defienda del lobo feroz, pues ya no hay líderes demócratas honrados, capaces y dignos de enfrentarlo. No se escuchan, no los vemos, están asustados y escondidos también. Solamente Dios podrá salvar a Colombia de la hecatombe, que así sea.
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