VIOLENCIA Y CORRUPCION CAMPEANDO Y LA JUSTICIA COJEANDO.
Que triste realidad la de Colombia, la Violencia, está campeando en todos los frentes, desde la Guajira hasta Nariño, al vaivén de los grupos residuales, que hoy se perfilan como los dueños de campos y ciudades, sin que hayan unas Fuerzas Militares y de Policía, que se les enfrenten, por órdenes superiores o temor, e incluso escuchan y ven, pero se hacen los sordos y ciegos, pues perdieron su grandeza de otros tiempos.
Las masacres se incrementaron, los secuestros abundan y los atracos y robos se triplicaron y nadie hace nada frente a la ola de violencia que nos azota. Hay una inversión de valores, que nos tiene paralizados y aterrados a merced de los violentos y las autoridades Civiles y Militares guardan sospechoso y cobarde silencio, pues todo parece orquestado en la nueva moda de la pretendida paz total, olvidando que para los delincuentes y criminales debe haber penas y cárceles y para los ciudadanos, seguridad y bienestar.
Y la corrupción de ayer y de hoy, sigue vigente, ya que los altos candidatos y dignatarios se ocultan tras el velo de la mentira que ofende. Bajo esas premisas se eligieron desde presidentes hasta Congresistas y Diputados con el aporte de dineros sucios que circularon a ciencia y paciencia de los órganos de investigación y control, empacados en maletas y bolsas o en sofisticados cheques de contratistas, como elefantes que nadie ve pero que siguen vigentes en esta bendita Democracia en vilo de desaparecer, manejada con discursos populistas y engañosos, que todo lo destruyen.
Y la Justicia, ciega y cojeando, pues su lentitud es pasmosa, que aterra y no llega y no se aplica con la severidad y oportunidad que la sociedad reclama y necesita para que los criminales, delincuentes, y corruptos paguen por sus actos ominosos que destruyen el País y atentan contra la propia institucionalidad.
Estamos rodeados de violencia y corrupción y el ciudadano silente y temeroso, agazapado como avestruz, no se atreve ni siquiera a marchar, menos a protestar. Estamos al borde del caos y los dirigentes de los partidos tradicionales, pegados a la mermelada como sapos sin control.
Se vienen elecciones regionales y aparecen las mismas figuras entredichas en investigaciones como candidatos y los votantes, como ovejas del montón, de nuevo a darles el voto de confianza para que sigan esquilmando las arcas estatales, en un devenir histórico de violencia y corrupción al que estamos lamentablemente acostumbrados.
Eliminemos con el voto limpio y sagrado las reelecciones a todos los niveles, pues en ellas se nutre la corrupción y se anida la violencia. A ningún nivel nacional, regional o mundial deben los ciudadanos patrocinar las reelecciones, pues en estas se concentra el abuso de poder, la corrupción se incrementa y las instituciones se destruyen y se aniquilan y los factores de violencia y de miseria se desbordan.
Reaccionemos ciudadanos de bien, pues la responsabilidad es nuestra por permitir con nuestro silencio o con el voto, que los dirigentes sigan ejerciendo sus actos de mentiras y corrupción, agazapados frente a una Justicia lenta e inoperante que los arropa.
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