LA CARETA DEL CAMBIO.
JOSE H. BOLAÑOS MUÑOZ
Ahora sí que estamos perdidos en este caos de desgobierno y corrupción y todo indica que solamente la grandeza de las instituciones democráticas que no se han contaminado, como las Altas Cortes, El Consejo de Estado, la Fiscalía General de la Nación y La Procuraduría General, podrán salvarnos de la hecatombe de la mentira, la improvisación, el desgobierno y la paz de los criminales.
Que tristeza que da, ver a la Policía Nacional, otrora aguerrida y valiente, respetable y respetada, hoy humillada y sometida al escarnio de la agresión y el secuestro, a manos de población indigena y campesina cooptada por las disidencias criminales, que se sienten reyes de la barbarie que nos rige. El Ministro de Defensa Y el Director de la Policía Nacional, deben responsabilizarse de tales desafueros inadmisibles en una democracia como la nuestra.
Y, qué decir del espectáculo de corrupción que se observa en el panorama nacional, que emana desde la misma familia presidencial, negociando la Paz total de los criminales al mejor postor y destapando las ollas podridas de la corrupción, con repartijas de contratos y distribucion de cupos en las entidades oficiales, que se iniciaron desde la misma campaña presidencial, que puso en vilo la democracia y que eligió a un amante del comunismo y del cambio caótico a dirigir el País. Los entes de jurisdicción y control, sin temor y con severidad, deben iniciar y llevar a término prontamente las investigaciones que se ameriten hasta sus ultimas consecuencias.
Que están esperando los erráticos dirigentes de los partidos tradicionales, hoy equívocamente de gobierno, como el Partido Liberal, el Conservador y, la U, entre otros, para en un acto de dignidad y gallardía, recuperar su visión democrática y entrar de lleno a formar parte de las banderas de la oposición a este desgobierno que a pupitrazos y bandazos, a madrazos y corruptelas, quiere acabar con las instituciones democráticas y llevarnos a la miseria y al comunismo como están nuestros pobres pueblos vecinos, sumidos en la desgracia de la pobreza y la dictadura.
En buena hora ya el Consejo de Estado, por fin, puso límites a los desafueros dictatoriales presidenciales de querer asumir las funciones asignadas a las comisiones de regulación de los servicios públicos domiciliarios, a que se refieren las leyes 142 y 143 de 1994, para ejercer arbitrariamente el control y su ordenamiento y a su vez la Corte Constitucional, advirtió sobre sus facultades para parar decisiones arbitrarias e irremediables que puedan afectar el bienestar social y democrático de los colombianos. Esas decisiones nos llenan de tranquilidad, pues da fe de que las altas Cortes no han perdido la cordura ni se han dejado contagiar de las posturas maquiavélicas de la izquierda destructora.
Es tiempo entonces, que los Parlamentarios, se quiten la careta del cambio y recuperen su grandeza si alguna vez la tuvieron y manden al cesto de la basura, proyectos como la reforma a la Salud, la Laboral y a las Pensiones, manipuladas al estilo cubanista y comunista, sin principio ni fin, sin dirección ni certeza, sin piso ni garantía, erráticas y lunáticas y simplemente destructoras de las instituciones democráticas, para garantizar, que los colombianos mantengamos los pilares existentes en Salud, Laboral y Pensiones, mundialmente reconocidas y que han garantizado con éxito esas instituciones básicas y tutelares para el bienestar y tranquilidad de los Colombianos.
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