COLOMBIA, DE PICADA HACIA EL INFIERNO.
JOSE H. BOLAÑOS MUÑOZ
Que tristeza nos da, y solamente eso, nos obliga a retomar de nuevo nuestra columna, a pesar de la decisión de ponerle fin, al observar que el silencio temeroso de los buenos, ante tanta destrucción y caos patrocinado por el pacto terrorífico del mal, como lo habíamos advertido desde el comienzo del fin, espanta y desespera.
Y más, la complaciente actitud de los dirigentes de los Partidos tradicionales que a pesar de tanta destrucción, improvisación e incoherencia de su nuevo mejor amigo, siguen arrodillados y sumisos, como si los hubiesen drogado o hipnotizado, para convertirlos en idiotas útiles a las maquinaciones maquiavélicas de los detentadores del poder.
Pero también el periodismo Nacional sigue absorto ante lo impensable y mudo complaciente ante el despeñadero en el que se ha colocado a la Patria, por arte y razón del temor a perder las dádivas palaciegas que los sustentan. Los editoriales son escasos y las columnas medrosas y silentes, con contadas excepciones de unos cuantos valientes.
Y de los Parlamentarios de oposición que podemos decir, si escasamente unos cuantos apenas si levantan la voz temerosos y pusilánimes, ya que no hay unidad ni dirección, no hay orientación ni organización que permita afrontar con vigor y excelencia una oposición constructiva.
Que nos pasa, ya es tiempo de despertar y de alzar la voz. En buena hora un Parlamentario valiente, se lanzó a la plaza pública y desafío este estado de cosas destructivas que desde el Gobierno se planean en contra de la vida y la salud del Pueblo Colombiano y con arrojo civilista llamó a defender la estabilidad económica, sanitaria y pensional de los Colombianos y a exigir el replanteamiento de esos proyectos básicos que improvisados y destructores se han presentado a la discusión de los Legisladores de turno, en donde esperamos sean rechazados radicalmente, pues solamente debe admitirse mejorar pero no destruir, recomponer, pero no eliminar.
Pero no solo queda la calle, como algunos piensan, está el Parlamento, esperando que los partidos tradicionales vuelvan a retomar su dignidad de patriotas y asuman con valor y civilidad la oposición constructiva y garantista de la democracia libre y segura que necesitamos. Nos quedan los Tribunales y Cortes, cuyos Jueces nos garantizarán que se mantenga el respeto a la Constitución y la ley. Están los líderes gremiales y comerciantes que no dejarán de trabajar por el mejoramiento de la economía y la estabilidad del crecimiento y el desarrollo de nuestra Nación.Y porque no,también los estudiantes, obreros y trabajadores,que recuperarán su inteligencia para repensar el país y volver por los cauces de la democracia, la estabilidad social y el bienestar común. No somos 11 millones de colombianos, somos 40 y muchos más, decididos a no permitir que nuestra querida Colombia se vaya de picada al infierno como lo están Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia. Pero resistiremos y reaccionemos ya. Y lo que ha de ser que sea.
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