EN QUE PAÍS VIVIMOS. HACIA DONDE VAMOS, QUIEN PODRÁ SALVARNOS.
JOSE H. BOLAÑOS MUÑOZ
Estamos en un Mundo lleno de dificultades, padeciendo la pandemia china, que no hemos podido superar aún, púes las vacunas no llegan y las cuarentenas regresan y la economía se resiente y la pobreza se incrementa y los crímenes asechan y las instituciones se debilitan y los gobernantes y políticos se amenazan y se lanzan mutuas acusaciones y se presentan revocatorias del mandato de unos a otros y la gente no se cuida ni toma conciencia de la gravedad de la enfermedad que nos azota y en su lugar se encierran y hacen bailotecas y la Policía los corre y la acusan de abuso de autoridad, y se repite la historia y todo gobernante, desde el Presidente hasta el Alcalde del más pequeño pueblito, se enchalecan haciendo honor a su cargo y le cambian de color cada vez que aparecen en escena, y los Jueces lucen sus togas y cubiletes como si con esos disfraces administraran más pronta y cumplida Justicia o gobernaran mejor, pero seguimos en las mismas, por más elegantes que se vean, la miseria y los problemas se agrandan y en lugar de unirnos para resolverlos, nos dividimos y cada cual coge por su lado, echándole la culpa al otro. En qué país vivimos. Hacia dónde vamos, quien podrá salvarnos.
Es tiempo de la humildad, de la sencillez, de la unión, de unir voces y manos para luchar a abrazo partido contra toda esta problemática que azota al mundo y en especial a nuestro País, que otrora estuviera bajo la protección del Sagrado Corazón de Jesús, pero que hoy, por arte de la libertad de cultos, está en el aire, al vaivén de los vientos huracanados de cualquier parte, que lo azotan con frecuencia.
Es tiempo de despojarse de los chalecos y gobernar con sencillez y sabiduría, sin estridencias ni amenazas, con respeto y con dedicación, con honradez y eficiencia, en la ejecución de proyectos y obras y dejarse apoyar en la dirección de su gobierno, para garantizar el éxito en todos los frentes.
Como también es hora, de que los Congresistas y opositores, en lugar de amenazar expresen su apoyo e ideas o luces, para afrontar juntos la solución a los disimiles problemas que se enfrentan en esta hora tan dramática para el pueblo colombiano, que es el que finalmente sufre las peores consecuencias.
Es hora también de que Magistrados y Jueces se olviden de sus togas y sus birretes y cojan los códigos, para ajustados a su espíritu, se dediquen a sembrar justiciar diáfana, con un lenguaje sencillo y comprensible, ajenos a la politiquería y a sus intereses pasionales y centrados tan solo en la verdad real y en la Justicia, le den a cada quien lo que le corresponde.
Qué bueno sería también, que los educadores, se consagren a la enseñanza y recuperen el hilo de la clase de ayer, para que los niños reanuden su vida escolar y vuelvan a las aulas del saber y del conocimiento sin trabas ni mensajes subliminales.
Y en fin, que todos los colombianos, asumamos nuestra responsabilidad como ciudadanos, y acatando las directrices de los gobernantes, respetemos las normas de control y autocuidado que se impongan y sean necesarias, para superar el elevado contagio del coronavirus, que tiene en vilo, entre la vida y la muerte a toda la humanidad y podamos volver a los desafíos que la nueva realidad nos impone.
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