LA VIOLENCIA Y LA LOCURA NOS ACECHAN.
JOSE H. BOLAÑOS MUÑOZ
Que está pasando en Colombia, que se ha incrementado la violencia en todas sus formas y nos amenaza la locura. Claro está, que siempre ha habido violencia y demencia, pero en esta época de Pandemia, como que lo espiritual se está debilitando y los humanos nos estamos animalizando, perdiendo el control y generando el caos.
La violencia intrafamiliar, se ha acrecentado a niveles superiores, afectando especialmente a los niños y mujeres, por la tiranía de un hombre que no sabe dominar sus ansiedades demenciales. La violencia física, se ha desatado a niveles increíbles y la violencia sicológica, más peligrosa aún, se enseñorea en los hogares. Son múltiples los factores de esa violencia en el hogar que destruye y aniquila, hace falta el pan de cada día y el empleo se ha perdido y esto provoca crisis, irritabilidad y desespero.
La violencia económica, se ha hecho más severa e indolente, desde el robo a la explotación, pasando por la usura y la corrupción, hasta llegar a su manifestación más triste, como es la absoluta pobreza y miseria, con terribles consecuencias para todos.
La violencia política no ayuda, por el contrario, genera desajuste y desequilibrio, pues aquellos líderes que debieran trabajar unidos por la recuperación de la salud y el bienestar de los colombianos, superando esos factores de violencia que nos oprimen, se dedican a agitar banderas de odio y enfrentamientos, olvidando sus deberes y dignidades.
Hoy vivimos en un mundo de pandemia y desesperanza, pues nos hemos olvidado de nuestros valores, de lo valioso de la familia, como centro de amor, de crecimiento y desarrollo y nos hemos dejado llevar por la angustia, la tristeza y la amargura, permitiendo que la violencia se inserte en la vida cotidiana. Los educadores ya no enseñan, los estudiantes ya no estudian, los parlamentarios ya no presentan proyectos valiosos para la salud, se la pasan en el discurso de la infamia y el odio, el ataque y la defensa, las calumnias y denuncias.
Y más aún, hemos dejado que nuestra mente se debilite y le demos cabida a la demencia, como un escape a tanta angustia y dolor y con ella, se genera el caos, se destruye la familia, el trabajo y nos quedemos sin rumbo ni destino. Hay mucho dolor, tristeza y depresión, angustia y desesperanza que nos puede aniquilar y destruir, si no recuperamos la calma, si no valoramos la familia, si no nos acercamos a Dios como Supremo Hacedor, para recuperar la esperanza y los ateos y agnósticos a su conciencia.
El panorama es triste y desolador y de gran impacto social como se lo ha identificado, en una gran encuesta social, que se manifiesta en ansiedad, insomnio, desesperanza, tendencia al uso de sustancias e incluso violencia intrafamiliar, seguida de depresión mayor, trastornos obsesivos compulsivos y ansiedad, propios de la locura.
Es hora entonces, de que gobernantes, dirigentes, parlamentarios unidos, tomen las riendas de la salud en Colombia y con decisión y eficiencia, pongan en función a todos los estamentos sanitarios del País, partiendo del Ministerio de Salud, Eps., comisarias, secretarías, etc. y se consagren con eficiencia y calidad, a garantizar la vida y el bienestar de todos los colombianos, hoy abatidos por esta pandemia desmedida y sin control.
Esto no da espera, no hay lugar a discusiones de rojo o blanco, pues la realidad es deprimente y merece la dedicación de todos, a solucionar el problema, porque la locura y la violencia nos acechan y nos matan. Mantengamos la esperanza y no perdamos la Fe.
Nos falta acercarnos más a Dios
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