¡ES NECESARIO QUE NADIE MUERA ¡
JOSE H. BOLAÑOS MUÑOZ
“Lo que hoy está en juego es la vida”, dice Foucault (1999),[1] y esto hace referencia a la necesidad de una nueva relación con la tierra, la siembra y la alimentación; a la configuración del paisaje multiplicando la biodiversidad y preservando el medio ambiente, en las ciudades y en los campos.
Que cese la violencia en sus diversas formas, venga de donde viniere y como quieran disfrazarla. Qué responsabilidad les asiste, a quienes se convierten en agitadores del odio y de la violencia, para sembrar el caos y cosechar la muerte. Nadie debe morir. Todos debemos vivir, en Paz, civilizadamente, así, nuestras ideas sean contrarias. Eso es lo de menos, frente a la vida.
No es necesaria entonces la demostración de la violencia, para reclamar los derechos. No es necesario hacer paros y llenar las calles y plazas de pueblos y ciudades, para oponerse a las decisiones de los gobernantes, caprichosamente. No es necesario amenazar, ni querer la muerte de nadie para ser oído, si mediante un diálogo sincero, franco, abierto y realista podemos solucionar todos los problemas. No es sembrando el odio como se conquista el Poder o se encuentra la Paz.
Estamos en una época, que convoca a la unidad y a la reflexión, para superar el dolor de quienes sufren la pandemia, en la vida, en lo económico, en el trabajo, en la familia, por haber perdido a su gente querida o por los enfrentamientos que la crisis les causa.
Es momento para la prudencia y entendimiento de las razones que trajeron la pandemia y de las formas de erradicarla y de la necesidad de cambiar las costumbres y las actitudes humanas, que en buen porcentaje son las causantes de tanto dolor y caos económico y social. Para eso están los gobernantes y verdaderos dirigentes, aquellos que construyen y no los que se la pasan como agoreros de la muerte, vaticinando tragedias y sembrando el odio y el caos.
Por eso es inexplicable, que se aproveche esta crisis mundial, para desatar el odio que anidamos en nuestros corazones y violentemos sin compasión a los que consideramos nuestros enemigos, desde una pancarta o de un micrófono, o hasta desde el mismo recinto sagrado de la democracia.
Examinemos nuestra conciencia como Gobernantes, como representantes del Pueblo, como dignatarios, como educadores, como dirigentes, como aspirantes a los cargos públicos más codiciados del país, como estudiantes, como sindicalistas, como ciudadanos, para determinar que tanta responsabilidad nos asiste y hasta dónde llega nuestra culpabilidad en este estado de cosas que nos agobia y deprime, que nos envilece y enloquece, hasta el punto de convertirnos en hacedores de la vida y de la muerte y que castigo merecemos.
Es hora entonces de recapitular, de entender, que lo que está en juego es la vida misma y que es el momento de recomponer la naturaleza que tanto hemos azotado, de mejorar nuestras relaciones sociales que tanto hemos destruido, de recuperar la dignidad y trabajar unidos por la salvación de la Patria, dejando de lado nuestras aspiraciones o intereses, nuestros odios y nuestras bajezas, para consagrarnos a buscar la salud, la atención de los viejos y de los niños y niñas preferente, de los jóvenes y de todos a una, recuperar la educación y el trabajo, nivelar la economía para superar las diferencias y ejecutar tareas de solidaridad y de generosidad, para salvar la vida de los colombianos todos.
No olvidemos que solamente nosotros, somos los responsables de nuestro propio destino.
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