POLARIZACION Y ODIO O PERDON Y RECONCILIACION.
El primer sentimiento que me
aflora el escribir este artículo, es el de la tristeza, pues vemos una PATRIA
sumida en la polarización y el odio, de allí que cualquier sugerencia, consejo
o deseo para llegar a la reconciliación loa vemos distante, difícil,
inalcanzable, pero debemos intentarlo.
Y si queremos ver ese triste
espectáculo, demos una mirada a los periódicos y revistas y encontramos
columnistas que respiran polarización y odio por todos los poros. El
equilibrio, prudencia, independencia, respeto por la dignidad de las personas y
los principios fundamentales en el ejercicio del periodismo que reclaman, brillan
por su ausencia en sus escritos y encima de eso, salpican odio visceral que trasciende
las fronteras. Y si damos una mirada a las redes sociales, observamos que allí,
se desencadenan todas las pasiones humanas, se envilece a la persona
inmisericordemente, como si se nutriesen de su sangre, de los escándalos, de la
miseria y del dolor de los demás.
Hay quienes fungiéndose de representantes
del Pueblo, pacifistas y juristas, siembran el odio en todos los rincones y
hacen de sus decisiones e intervenciones un acto de persecución permanente con
el ánimo de destruir al otro.
Los que supuestamente
dejaron las armas, ven sin inmutarse como sus excompañeros, siembran el terror
y la violencia, dejando el campo minado y regado de cadáveres de jóvenes y
líderes sociales, y de paso le echan la culpa al Gobierno calificándolo de ineficaz
y ausente.
La polarización moral y política es profunda y maniqueista. Los partidos
están en los extremos. No hay diálogo, sino insultos permanentes y dogmatismo
excluyente, de izquierda y de derecha. E incluso hay gobernantes que se la
pasan despotricando del otro, en lugar de asumir sus propias responsabilidades.
Es el arte mañoso de hacer política, sembrando la polarización y el odio.
Hoy, estamos contemplando cómo la
xenofobia y la intolerancia, se está metiendo en las entrañas de los
ciudadanos, que nos les importa agredir a quienes son diferentes, demostrando
su odio enfermizo. La violencia contra las mujeres y los niños ha aumentado increíblemente
y el estrés y y la locura se ha apoderado de los hogares, generando mayores índices
de violencia intrafamiliar.
Y la Justicia. Ha perdido credibilidad, se ha encunetado en los abismos de la polarización y el odio y está perdiendo su razón de ser, pues ha permitido que los valores de la imparcialidad, oportunidad y decoro, se extravíen en las pasiones de la política de unos y otros.
Y queremos Paz, pero sin valores
no puede haber Paz. Todo proceso de pacificación,
reconciliación y perdón, tiene como condiciones y exigencias indispensables:
1. El conocimiento de la
verdad; 2) La distribución pronta y equitativa de la Justicia, 3) La reparación
a las víctimas y 4) La recomposición igualitaria de la sociedad.
Nada de eso tenemos, por el
contrario, la polarización sigue, los predicadores de la Paz, no tuvieron en
cuenta esos factores exigentes y hoy son factor de división y odio. La verdad no se ha dicho, la Justicia no se ha
aplicado y reina la impunidad, las Víctimas han sido olvidadas y la sociedad,
está cada vez más desigual.
Todos estos, son factores de
violencia y de odio, que se atizan desde diversas trincheras, sustentadas equívocamente
en el respeto de las libertades, del disenso y de la oposición.
Estamos en la semana de la
Paz y de los Derechos Humanos. Es tiempo entonces de que los Gobernantes, Dirigentes
y Políticos, sin exclusiones, dialoguen de nuevo, que se sienten frente a la
pantalla, para evitar contagios del Covid-19 que nos azota, para buscar soluciones prontas y oportunas, que de verdad nos lleven
al Perdón y a la Reconciliación. No necesitamos marchas, ni protestas que
destruyen, queremos diálogo sincero y civilizado que nos haga reaccionar de una
vez por todas, para vencer la polarización y el odio que nos destruye.
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