LOS JUECES:
En una concepción sencilla, podemos definirlos como aquellos que administran Justicia, dándole a cada quien lo que corresponde, dentro de los postulados de sabiduría, probidad, claridad, sencillez, oportunidad e imparcialidad. Estos Jueces, ya son muy escasos, la verdad sea dicha.
Hoy los tenemos pomposos, soberbios, de lenguaje rebuscado e indescifrable, parcializados, politiqueros, que se salen de su marco, para convertirse en rectores de la cosa pública, cuando de resolver tutelas se trata. Pero también los tenemos honestos, serios, honrados, estudiosos y garantes de una Justicia pronta y cumplida. Que ideal sería, que no hubiese diferencias.
El Juez es el encargado de tomar decisiones ecuánimes y objetivas, en las diferentes especialidades, frente a un caso determinado sometido a su consideración. También entre sus responsabilidades se observa la de definir el futuro de un imputado por determinado crimen o delito y en esta situación por lo mismo, deberá someter a juiciosa valoración las pruebas o evidencias reunidas, para declararlo culpable o inocente, según corresponda, de tal manera que la certeza absoluta sea el fundamento de su decisión.
Hemos de entender que el Juez es un ser humano, individual o colectivo y en ese orden, como tal, susceptible de cometer errores o incluso desafueros y atropellos, cuando permite que factores externos influencien en sus decisiones. Los recursos de tales providencias así proferidas, serán la mejor solución a obtener un fallo ajustado a derecho, sin perjuicio, si hubiere evidencias de mala conducta o proceder en su pronunciamiento, de acciones penales y/o disciplinarias que revisen la actuación humana. Así se garantiza providencias ajustadas a derecho y justicia y se disciplina a los Jueces corruptos.
Que bueno que se garantice la doble instancia, como lo manda nuestra Constitución, que impida decisiones unitarias y cerradas, que rompan con el equilibro mínimo que deben tener las decisiones Judiciales. Muchas injusticias se cometieron lamentablemente.
Como decía ARISTÓTELES, la Justicia es el compendio de todas las virtudes morales, lo cual obliga, que los Jueces, sus oficiantes, deben contar con un variado ramillete de virtudes, tales como la prudencia, la templanza, la humildad, y la imparcialidad.
De allí que la Política, debe ser ajena a sus fundamentos, porque se corre el riesgo de desviar sus orientaciones y deslizarse hacia insondables abismos de inequidad e injusticia.
La escogencia de los Jueces, debe basarse estrictamente en profundas calidades humanas e intelectuales, que den seguridad de su independencia, altos índices de inteligencia en las ciencias jurídicas y ser poseedores de virtudes morales fundamentales, que garanticen el ideal de Justicia que todos anhelamos.
Debemos respaldar a los Jueces, pero queremos Jueces honestos, probos, sencillos en su lenguaje y ajenos a los avatares de la intriga y de la Política, pues no podemos olvidar que uno de los pilares de la Paz, es una excelente Justicia.
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