REFLEXIONES ANTE UNA
TRAGEDIA MUNDIAL :
Disfrutamos del mar, del sol, de
las estrellas, de una tierra paradisiaca,
que nos acoge de año en año y que nos llena de felicidad y armonía. Allá, por arte de magia, nos olvidamos de todo
y de todos. Es la vida, en su dimensión mágica de felicidad. Y regresamos, a
nuestra Colombia querida, de marchas y paros, de protestas sindicales y
piedras, de violencia de nunca acabar y de anhelos de paz, sin darnos cuenta siquiera, que ya en una
ciudad China, Wuhan, se había iniciado la venganza de la naturaleza contra la
humanidad, venganza que ya habían predicho algunos gurús, para el 20 20 como sino trágico, por el atentado inhumano
contra la madre tierra, que nunca olvidaremos.
Y como una nube negra, apareció
un VIRUS, y se fue ampliando a todos los Continentes y se convirtió en
Pandemia, y atacó con furia, a unos más,
a otros menos, y aparecieron las dificultades, y la gente enfermó y se fue
muriendo, y los hospitales llenándose desesperadamente y los Médicos, arropados
como héroes, luchando a brazo partido por dar alivio a las personas, que fueron
llegando sin distingos de clase, ni estado, ni dignidades, desde inocentes
niños, hasta los mayores, ya viejos y cansados, quienes tenían el camino trazado.
Y los Gobernantes, sin saber qué
hacer, convocaron a los científicos, sabios, investigadores, infectólogos, para
que lo asesoran y empezaran a controlar
y dictar órdenes, y allí surgió Troya, pues unos daban unas ordenes, otros se
oponían, algunos se negaban a seguir instrucciones de los médicos e imponían su
criterio y la Pandemia aumentaba y la gente se desesperaba y seguían llenando
hospitales y clínicas, y se propuso construir hospitales de campaña, en
estadios y todo lugar dedicado a los grandes deportes, y los hoteles se
dispusieron por igual, estábamos en
guerra. Si en guerra contra un virus mortal, y contra unas ordenes de Gobernantes
necios e irresponsables, en Brasil, en México, en Estados Unidos, en España, en
tantos otros países, elegidos por otros tantos pueblos ciegos, pues como decía
Ghandi, “ Si hay un idiota en el poder, es porque quienes lo eligieron están
bien representados”.
Y salieron los políticos a
exigir, como lo hacen siempre, a lanzar ideas sin sentido, a fungir de
científicos y gritan aquí y gritan allá y todo es confusión. Y la gente sigue
exigiendo pruebas, y los enfermos y los muertos aumentan y los desfavorecidos
exigen auxilios y mercados, y James de buen corazón se acuerda de su tierra de
niño y les envía cientos de mercados, y otros siguen su ejemplo, y los que
tienen sus viviendas hipotecadas piden que se paralice el cobro y se le suman
los obreros y educadores , para seguir exigiendo 100 cambios en la Constitución
y proponen otro contrato estatal o amenazan con más marchas por todo el año de
pandemia, y los empleados pierden su empleo y los Ministros de Trabajo, les
exige que los mantengan y los comerciantes cierran su establecimientos por
temor a ser asaltados, y los
arrendatarios exigen que les suspendan el cobro y los propietarios reclaman sus
viviendas, es la locura, es la pandemia, es el caos, que tristeza. Y seguimos
divididos, polarizados, izquierda, derecha, centro, que más, cuales son
mejores, a donde queremos llegar. Todos
son iguales, destruyen nunca construyen.
Y la pandemia apenas empieza, y
seguimos en cuarentena y pasa la primera
semana de curva y esta aumenta sin control, y los abuelos siguen separados de
sus nietos y el encierro nos desespera, y no aparece la calma y en buena hora,
El Santo Padre , nos da un poco de consuelo, y nos recuerda que tengamos Fe y esperanza y que mantengamos la
unidad en estos momentos en que la tormenta nos azota y nos invita a subir en
la misma Barca del Señor, que El en su bondad nos llevara a buen puerto, pues
solo El podrá vencer al Virus.
Y parece que vuelve la calma y
nos reunimos en familia y oramos, por unos y por otros, para que pase esa nube
negra que nos atemoriza y enferma y surja una nube azul que ilumine el universo
y derrame rayos de amor y felicidad para todos.
Pongámonos de pie, cantemos al
Señor, un cantico nuevo, un cántico de esperanza y de vida, que nos
permita ver la luz de un nuevo amanecer sin caos, sin enfrentamientos ni odios,
respetándonos unos a otros, así pensemos diferente, amándonos en familia,
reconstruyendo nuestros corazones y nuestros sentimientos, superando el egoísmo
y la violencia y, protegiendo a nuestros
hijos, a nuestros abuelos, y a la naturaleza misma, siendo más humanos, más
sensibles, más iguales.
Que realidad triste y al mismo tiempo llena el corazón de amor
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